Permaneciendo en el río

Reposando  en  el  río

Thich  Nhat  Hanh 

Traducción, edición y Comentario: María Mercedes Márquez  

 

 

Mis queridos amigos.

Supongan que alguien sostiene una pluma, la arroja al aire y la pluma comienza a caer hacia el río.  Luego de que la pluma toca la superficie del agua, se permite hundirse poco a poco en el río.  Alcanzará el lecho del río sin ningún esfuerzo.  Una vez que la pluma está en el fondo del río, continúa reposando.  Permite que el agua pase a su lado.  La pluma alcanza el lecho del río de la manera más rápida porque se permite descender sin hacer ningún esfuerzo. 

Durante nuestra meditación sentada podemos permitirnos reposar como una pluma, podemos permitirnos descender naturalmente y sin esfuerzo, a la posición sentada, la posición de reposo. Reposar es una práctica muy importante. Tenemos que aprender el arte de reposar.  Reposar constituye la primera fase de la meditación budista. Usted debe permitir que su cuerpo y su mente reposen. Nuestra mente, así como nuestro cuerpo, necesitan reposar. 

C. Si reflexionamos acerca de lo que acabamos de escuchar, podríamos comenzar por preguntarnos a qué se debe que la experiencia del reposo constituya hoy día, una experiencia tan lejana para la gran mayoría de los  seres. 

Regresando a la infancia y la niñez de algunos de nosotros, pudiésemos encontrarla con agrado en aquellos períodos, luego del almuerzo, cuando nos llevaban a descansar.  Eran momentos en los que no teníamos que hacer nada, tan sólo estar allí, tranquilos y cual la pluma descendiendo hacia el lecho del río, percibíamos que nuestra mente y nuestro cuerpo se iban aquietando, relajando, aflojando, hasta quedarnos agradablemente dormidos.  Incluso hoy día, cuando nos acostamos tranquilos, podemos experimentar algo similar. 

Esta imagen de la pluma hundiéndose en el río, bien la podemos utilizar si queremos dormir cuando estamos listos para hacerlo, pero aquí hay algo sumamente interesante, y es que, en la meditación sentada, utilizamos el reposo “para estar más despiertos que nunca”.

Si nos preguntasen cómo somos los seres humanos, bien podríamos decir que se trata de una especie que, como producto de un hábito, mantiene la mente ocupada en algo, entretenida en algo, bien sea en un pensamiento placentero o en uno que pudiese ser más bien desagradable, pero siempre está en algo, de un lado para otro, del pasado brincando hacia el futuro, de este pensamiento a esa imagen, de esta emoción a ese recuerdo, etc. etc. Eso hemos llegado a ser. 

El problema está en que no muchos de nosotros sabemos cómo permitirle reposo a nuestro cuerpo y a nuestra  mente.  Siempre estamos luchando, la lucha se ha vuelto un tipo de hábito.  No podemos resistir estar activos, luchando todo el tiempo.  Luchamos incluso durante el sueño.

Es importante que nos demos cuenta de que tenemos la energía del hábito de luchar. Debemos poder reconocer un hábito cuando éste se manifiesta, porque si sabemos cómo reconocer el hábito, este perderá su energía y ya no podrá imponérsenos más.

Hace diez años me encontraba en la India visitando una comunidad budista de ex intocables, sigue diciendo el maestro Thich Nhat Hanh.   Un amigo que pertenecía a la casta organizó el viaje para mí.  Yo me encontraba en el autobús disfrutando del paisaje afuera, contemplando las palmas y la vegetación, cuando de repente me di la vuelta y lo encontré luciendo muy tenso.  No había ninguna razón para que estuviera así de tenso. 

Pensé que el tratar de hacer que mi viaje fuese agradable era quizás la razón por la cual estaba tan tenso, de modo que le dije: “Querido amigo, yo sé que quieres que mi viaje sea placentero, pero ya yo estoy muy a gusto. Estoy disfrutando mucho del viaje, entonces ¿por qué no te recuestas, sonríes y te relajas?  Él me contestó: OK. Se recostó y trató de relajarse.

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